Durante mucho tiempo se ha venido sospechando que determinadas patologías tenían su origen o génesis en procesos relacionados con el sistema inmunitario. Sin embargo, hasta tiempos muy recientes no ha sido posible definir con exactitud ciertos mecanismos patogénicos, si bien esa definición, en la mayoría de los casos no implicó contemporáneamente el diseño de una terapia eficaz para los mismos. El llegar a la conclusión científica que el asmático, el artrítico, el alérgico y determinada clase de cirróticos, por poner algunos ejemplos significativos, todos ellos eran víctimas de un proceso de desbordamiento de su capacidad inmunitaria, tan sólo significó llegar al umbral del problema, observarlo y tener que confesar la impotencia para abordarlo. Tan sólo ha sido posible aliviar esas patologías mediante maniobras terapéuticas sintomáticas, dejando el problema de fondo sin resolver.
Un ejemplo emblemático de todo ello es sin duda el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA), patología moderna con gran eco social y científico, el cual ha permitido estudiar en profundidad los mecanismos del sistema inmunológico humano. Pero como tantas veces ha sucedido en medicina, lo que tiene apariencia de modernidad y novedad, no es más que nueva forma de acercamiento y definición de problemas muy antiguos, cuando no arcaicos. Los grandes médicos de la antigüedad vislumbraron, sin los grandes medios diagnósticos de los que hoy disponemos, que muchas patologías degenerativas eran resultantes de un proceso autoinmune. Esto ha llevado a muchos especialistas a volver sus ojos hacia terapias tradicionales, en ocasiones no sólo alternativas a la ciencia oficial sino subversivas de los postulados científicos, buscando en esas fuentes soluciones a problemas de gran envergadura en los órdenes humano, económico y social; ese tipo de patologías son insidiosas para el individuo, cuestan fortunas sus tratamientos y significan una carga social importante. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que esas terapias, no han mejorado la situación de los pacientes y no constituyen una verdadera alternativa al arsenal terapéutico de la moderna farmacopea.
El Suero Intra Metabólico (SIM) que aquí presentamos, es ante todo un logro científico basado en criterios estrictamente bioquímicos, biomédicos y farmacológicos. Si bien su orígen radica en observaciones empíricas por parte de pueblos primitivos, como tantas otras sustancias que hoy forman parte del vademécum terapéutico universal, su formulación, diseño, desarrollo y experimentación se han hecho sobre la base del más estricto y riguroso sistema científico.
El SIM es un valioso descubrimiento científico, con una gran capacidad de acción, diseñado y experimentado según los cánones más estrictos. El SIM es, en definitiva, una ayuda para grandes problemas, como son el asma, las alergias, el lupus eritematoso y de muchas otras patologías en las que el metabolismo se ha visto alterado.